Antonio Barranco

Viernes, 04 de Junio de 2004

Visitas al banco


Hoy he ido al banco.

He comprobado como el director de la sucursal, lejos de ser aquella persona poseedora de un aura de respeto semejante a la de un catedrático, es un mero vendedor de cazuelas, vajillas y cristalerías que traen como extra cualquier decadente producto financiero.

Me pongo en su piel cuando el año pasado, aun sabiendo que eran engendros inservibles, se veía obligado a colocar la cuota prefijada de terminales “AOL Avant”. Recuerdo haber oído frases como “Santiago, píllame un trasto de estos que tengo que sacarlos todos y negociamos las comisiones de tus cheques”.

También es fácil ver como entran personas que son recibidas con leve reverencia y un sonoro “BUENOS DÍAS DON TOMÁS, SIENTESE...”. Dichas personas son alejadas apresuradamente de la cola de caja y conducidas a una mesa de atención personal, independientemente de que sólo acudan al banco a retirar o ingresar fondos como cualquier hijo de vecino.

Mi madre, como todas, quería que fuese abogado, medico o empleado de banca. Creo que nunca habría podido ser ninguna de las tres cosas, especialmente la última.

Reconozco que no me atrae la idea de valorar a la gente exclusivamente por su dinero, y que tampoco soy especialmente bueno vendiendo menaje del hogar.


Publicado el 04/06/2004 a las 04:00 AM
Categorías: Opiniones personales, Sociedad
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