Antonio Barranco
Sábado, 06 de Marzo de 2004
Luchar contra el spam
El señor Gates parece haber perdido su perspicacia. Es de suponer que le incomode o le sorprenda que la gente haga uso de la red sin que él reciba nada a cambio.
Gates lleva meses mostrando a la prensa su implicación filantrópica hacia la eliminación del correo no deseado. Incluso ha firmado tratados de colaboración con empresas como SendMail (principal proveedores de servidores de correo) para potenciar la tecnología que lleguen a desarrollar.
La desafortunada idea que parte de estos acuerdos es cobrar una cantidad irrisoria por cada correo electrónico enviado con el fin de hacer desistir a los que practican spam tocándoles el bolsillo. El principal argumento es que un spammer se vería seriamente perjudicado debido a los miles de mensajes que genera, y un particular apenas lo notaría.
Habla el señor Gates que es posible, que empresas o asociaciones que suelan enviar miles de mensajes de manera legítima puedan disfrutar de descuentos, y advierte repetidamente que el propósito de este sistema no es ganar dinero sino ayudar a mantener una red mejor.
Mucho se ha hablado de sistemas que eviten la lacra del spam, de la propia Microsoft partió la idea de extender el protocolo de correo para obligar a que, para el envío de un email se tuviera que hacer una compleja operación matemática que durase unos 10 segundos, alegaban que un particular no lo notaría y que los spammers verían frustrados sus deseos.
Parece una idea tan absurda como realmente suena. Se trata de inventar un sistema que perjudica la principal virtud del correo electrónico, la inmediatez, y que cada 18 meses, según la “Ley de Moore”, será la mitad de efectivo hasta tornarse ineficaz. Como efecto colateral a remitentes de miles de correos legítimos, como empresas o asociaciones, se les obliga a abastecerse de carísimo hardware para dotarse así de la potencia computacional necesaria para mandar unos cuantos miles de correos diarios.
Lo del centavo no es menos ridículo. Primeramente choca con la idea de un mundo igualitario donde todos los países tengan la misma capacidad para desarrollarse. Si aventuramos que este pago es en dólares, a los europeos nos costaría un 30% mas barato mandar correos que a los estadounidenses debido a la cotización actual de nuestra divisa, pero justamente a los países menos desarrollados, que tienen una gran oportunidad para avanzar en desarrollo gracias a a las nuevas tecnologías les costaría en torno a un 500% mas.
Otro aspecto absurdo es que supone focalizar el sistema de correo electrónico, hasta ahora distribuido por toda la red, en una única autoridad expendedora de “sellos virtuales”, cuya mala gestión, caída de servicio o ataque podría generar el mayor colapso que se pueda imaginar en el servicio mas popular de la red de redes.
Entiendo que las expectativas surgidas por estudios que afirman que la gente no percibe los micropagos por servicios negativamente, e incluso que no son reflexivos con respecto a la transacción (miren la alegría con la que la gente gasta con su móvil usando sms de tarificación adicional), les lleve a aumentar su codicia y sus esperanzas en que un sistema de este tipo llegue a tener éxito.
Pero fundamentalmente, a pesar de que los usuarios lo permitieran (cosa que dudo), el sistema sería potencialmente inseguro y discriminatorio con los países en desarrollo.
La única forma de acabar con el spam es mediante la popularización del uso de los certificados digitales. Una distribución de autoridades (tanto privadas como estatales), que expedan certificados y una facilidad para adquirirlos a precios reducidos o gratuitos (en caso de que el estado los expenda), puede ayudar a construir una red mas limpia debido a diferentes motivos:
Los certificados garantizarían conocer el origen de los mensajes, posibilitarían la firma de estos y darían alas a generar confianza para intercambios comerciales en la red.
Podrían usarse exclusivamente para el correo electrónico, y podrían servir alternativamente como llave para autentificarse en numerosas páginas de manera segura, evitar las montañas de nombres de usuarios y contraseñas diferentes con que cuenta cualquier un sufrido usuario de la red, y asegurar las transacciones permitiendo la firma digital de éstas.
Se podría continuar usando el correo sin certificar, aunque muchos usuarios, ajustando la configuración de sus programas de correo, no permitirían la recepción de correo no certificado en sus buzones para evitar el spam.
Existirían autoridades a las que enviar los correos certificados susceptibles de ser considerados como spam para valorar si a sus remitentes se les debería retirar el certificado con el que operan.
Un modelo así no interferiría en la privacidad de los ciudadanos, justamente lo contrario. Les permitiría efectuar comunicaciones seguras, dando alas a fomentar la utilidad de la red. Y no comprometería a los países en desarrollo, que tendrían las mismas oportunidades que el resto.
Es de suponer, que la capacidad de cifrado con que también contarían estos certificados, cause reticencias escasos apoyos entre los gobiernos, que no ven con buenos ojos que los ciudadanos ejerzan su derecho a disfrutar libremente de comunicaciones confidenciales.
Como no me cansaré de repetir, la forma, si existe, de combatir el spam es mediante esta tecnología, que no es mas que habilitar la forma de conocer la identidad del remitente.
En el mundo real tambien existe el correo certificado, que tiene justamente esa característica: Permitir conocer la identidad del que realiza un envío.
Me oirán mucho decir que no hay que inventar nuevas reglas para la red diferentes de las ya existentes. Todos los usos y maneras que funcionan eficazmente en el mundo real son exportables con éxito al virtual.
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